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Himno

El Señor Jesús Esta Llamando

esta hermosa canción transmite un llamado claro a ir más allá de las palabras y ponerse en acción. A partir de la imagen de un encuentro personal con el llamado divino, la letra invita a responder con disponibilidad y entrega: aquí estoy, envíame. El tema central enfatiza la pureza del servicio y la obediencia, incluso cuando implica sacrificio o respuesta inmediata. Se menciona la urgencia por alcanzar a quienes viven en pecado, destacando la responsabilidad de rescatarles antes de que llegue el día decisivo. El mensaje concluye en una esperanza de recompensa en el Edén celestial, recordando que la labor terrenal tiene un propósito eterno y una valoración divina cuando se realiza con fe y compromiso.

Letra

El Señor Jesús está llamando:
¿Quién al campo a trabajar irá?
¿Quién irá buscando a los perdidos?
¿Quién la senda les enseñará?

Háblame, ¡Oh háblame!
“Heme aquí” responderé, Señor;
Háblame, te diré:
“Heme aquí, ¡Oh, envíame, Señor!”

Cuando el trozo de carbón ardiente
Al profeta fiel purificó,
Al oír la voz que le llamaba,
“Mándame, Señor” él respondió.

Hay millones que en pecado mueren;
Escuchad su llanto de dolor,
Acudid con tiempo a rescatarles;
¿Quién dirá: “Oh, envíame, Señor?”

Pronto el tiempo de la siega pasa,
Pronto iremos al celeste Edén.
Ojalá que aquel solemne día
Cristo allí nos diga: “Hiciste bien”.

Reflexión

En el silencio de nuestro caminar diario, una voz dulce y persistente resuena con fuerza: el Señor Jesús está llamando. Es una invitación de amor que busca corazones dispuestos a mirar más allá de sus propias necesidades, para contemplar un campo que requiere con urgencia trabajadores comprometidos. Hoy, el Salvador nos pregunta quién irá a buscar a los perdidos y quién les enseñará la senda de la vida. Esta pregunta no demanda de nosotros capacidades extraordinarias, sino una fe sencilla y una disposición sincera. Al escuchar su tierna voz en nuestro interior, nuestra respuesta debe ser un humilde y decidido: “Háblame, Señor, heme aquí, envíame”.

La letra nos recuerda la conmovedora experiencia de aquel profeta fiel que, tras ser purificado por un trozo de carbón ardiente, no dudó en responder al llamado divino. De la misma manera, el Señor desea restaurar nuestras vidas y prepararnos para su obra. No tenemos que sentirnos perfectos para acudir a su llamado; es su amor el que nos capacita y nos limpia. A nuestro alrededor, hay millones de personas que sufren en la oscuridad del pecado, cuyos dolores claman por esperanza y rescate. Esta realidad nos mueve a la compasión y nos desafía a actuar con prontitud, llevando el mensaje de salvación a quienes tanto lo necesitan.

El tiempo de la siega pasa rápidamente y nuestra vida terrenal es un camino de preparación hacia el celeste Edén. Esta verdad nos invita a reflexionar de manera personal sobre cómo estamos respondiendo hoy a la voz de Jesús. Te invito a abrir tu corazón a la fe, a dejar que el Señor disipe tus temores y a dar un paso al frente en el servicio a los demás. Qué hermoso y reconfortante será aquel día solemne en que, al encontrarnos con nuestro Salvador, podamos escuchar de sus labios las dulces palabras: “Hiciste bien”. Respondamos hoy mismo con valentía, listos para ser las manos y los pies de Jesús en este mundo.