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Himno

El Redentor

Esta bella canción es un canto de alabanza y gratitud dedicado al Redentor, presentado como quien ofrece sacrificio por los culpables y lleva ayuda al ser doliente. Su mensaje central invita a engrandecer y bendecir a Dios, al Salvador y al gran Consolador por su amor, paz, virtud y cercanía. La letra extiende esta adoración a todas las naciones y criaturas, en cualquier lugar y por toda la eternidad. También destaca una acción transformadora: sanar al afligido, guiar hacia la verdad, iluminar el alma oscura, asegurarle paz y revelar la dulzura del Redentor.

Letra

I
Engrandeced conmigo a Dios,
Sus loores repetid;
Su dulce nombre ensalzad
Y siempre bendecid.
Nos vio en gran suplicio,
Culpables yendo al juicio,
¡Nos dio en sacrificio
Al redentor!

Te alaben las naciones,
Te alaben con canciones,
Por grandes bendiciones
Por los siglos de la eternidad,
La eternidad sin fin.
Te alaben tus criaturas
En tierra y las honduras
Y en todas las alturas,
Por los siglos de la eternidad.

II
Engrandeced al salvador,
Autor de la salud,
Y dadle gracias por su amor,
Su paz y su virtud.
Cantad, cantad hosanna
Su ayuda está cercana,
¡Al ser doliente sana
El redentor!

III
Engrandeced con libertad
Al gran consolador,
Que guía al hombre a la verdad,
Le da perfecto amor.
Alumbra al alma oscura,
De paz le asegura,
¡Revela dulzura
Del redentor!

Reflexión

Cuando atraviesas momentos de dolor, culpa o incertidumbre, esta letra te invita a mirar más allá de tu aflicción y a reconocer al Redentor. No ignora el sufrimiento ni niega que puedas sentirte como alguien que camina hacia el juicio; pero proclama que Dios te ha visto en ese estado y que, en su amor, ha dado al Redentor. Hay aquí una esperanza profunda: tu historia no queda definida únicamente por tu fracaso, tu herida o tu temor.

Engrandecer a Dios no significa fingir que todo está bien. Significa volver el corazón hacia aquel cuyo nombre puede ser bendecido aun en medio de la lucha. Tal vez hoy solo puedas ofrecer una palabra sencilla, una oración breve o un canto débil. Aun así, puedes comenzar: reconocer sus bendiciones, agradecer su amor y abrirte a su ayuda cercana. La alabanza puede ser como una pequeña luz encendida en una habitación oscura; no elimina de inmediato todo lo que ocurre, pero te recuerda que no estás abandonado a la oscuridad.

El himno también te presenta al Salvador como quien sana al ser doliente, concede paz y guía hacia la verdad. Si llevas cansancio interior, heridas o confusión, puedes acercarte con sinceridad. No necesitas esconder lo que te pasa. Permite que el consuelo y la dulzura del Redentor alcancen esas zonas de tu alma que quizá has mantenido cerradas.

Hoy, detente un momento y pregúntate qué necesitas confiarle: tu culpa, tu tristeza, tu necesidad de dirección o tu deseo de paz. Después, expresa tu gratitud por aquello que aún puedes reconocer como bendición. Camina con libertad, dejando que el gran Consolador ilumine tu interior y te conduzca hacia la verdad. Y cuando recibas consuelo, que tu vida misma se convierta en una respuesta de alabanza al Redentor, junto con todas sus criaturas, por los siglos de la eternidad.