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Himno

El Diezmo

Esta hermosa letra presenta un mensaje claro sobre el diezmo como expresión de fidelidad y entrega. Habla de que las Sagradas Escrituras enseñan a dar con gozo y confianza, sabiendo que Dios se complace y recompensa a quien es leal. El tema central es la ofrenda de lo que Dios entrega en abundancia: dinero, tiempo y amor, destinados a la obra de la iglesia para beneficiar a la comunidad. Se subraya que la obediencia trae paz y satisfacción profunda, y que las bendiciones son prometidas para quienes actúan con generosidad. En conjunto, la canción invita a escuchar la voz de Dios y a usar lo recibido para su mies y gloria.

Letra

I
Las Sagradas Escrituras
Nos enseñan el diezmar
Como bueno para el hombre fiel;
Pues Jehová se alegra
siempre Cuando el hombre sabe dar
Y con creces recompensa Él.

Cuán eterno gozo al hombre da
Dar sus diezmos todos a Jehová,
Paz habrá en su corazón,
Grande y fiel satisfacción
Y abundancia de felicidad.

II
Nuestros diezmos Dios nos pide
De lo que abundante Él da
Y entregarlo para su obra aquí.
Él nos manda que a la iglesia
Los debemos de llevar
Para su distribución allí.

III
Nuestra plata, nuestro tiempo,
Nuestro amor, nuestro vivir,
Dios anhela le ofrendemos hoy,
Y Él promete por los diezmos
Bendiciones dar sin fin
Si leales somos al Señor.

IV
Si insensatos hemos sido
Desoyendo a nuestro Dios,
Que tan bueno y compasivo es,
Prometamos desde ahora
Escuchar su tierna voz
Para beneficio de su mies.

Reflexión

Querido hermano y hermana en la fe, las hermosas palabras de este himno nos invitan a contemplar un acto de amor, confianza y entrega profunda hacia nuestro Creador. Al considerar la práctica del diezmo, se nos recuerda que no se trata de una simple obligación formal, sino de una respuesta voluntaria y agradecida hacia la abundancia que Jehová ya ha derramado en nuestras vidas. Dios, en su infinita bondad y compasión, nos provee de todo lo necesario para subsistir, y al devolverle una parte de lo recibido, reconocemos con humildad su soberanía y su constante cuidado. Dar con un corazón alegre complace a nuestro Padre celestial, quien siempre se deleita en la generosidad de sus hijos y nos abraza con su tierna recompensa.

Esta entrega, sin embargo, va mucho más allá de lo material. El Señor anhela no solo nuestra plata, sino también nuestro tiempo, nuestro amor y nuestro propio vivir. Es una invitación pastoral a consagrar nuestra existencia entera a su servicio y al bienestar de la comunidad. Al llevar con fidelidad nuestros diezmos a la iglesia para su debida distribución en la obra, nos convertimos en participantes activos de su labor en la tierra. En este acto de obediencia y desprendimiento, descubrimos un misterio maravilloso: experimentamos una paz profunda en el corazón, una gran satisfacción espiritual y un gozo eterno que los bienes terrenales jamás podrán comprar.

Quizás en el pasado hemos sido insensatos, desoyendo la dulce voz de un Dios que solo busca nuestro beneficio y el de su mies. Hoy es el momento oportuno para reflexionar y tomar una decisión personal de fe. Te invito a abrir el corazón con sinceridad y a prometer, desde este instante, escuchar su llamado de amor. Seamos leales al Señor, confiando plenamente en que, al ofrendar lo que somos y tenemos, seremos colmados de bendiciones sin fin.