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Himno

Dime La Antigua Historia

esta bella canción invita a redescubrir la historia central de la fe: el favor celestial mostrado en la vida, muerte y amor de Cristo. Su mensaje es claro y sencillo, dirigido a una mente que busca comprensión sin complicaciones. La letra urge recordar la obra salvadora y la gloria que acompaña ese acto, para hallar consuelo incluso en la aflicción. Se subraya la necesidad de repetir la idea con constancia, especialmente cuando la vida desvaría o la memoria flaquea. En su núcleo late la certeza de que la salvación proviene de Jesús, quien ilumina, sostiene y da esperanza ante la falsa brillantez del mundo.

Letra

I
Dime la antigua historia del celestial favor,
De Cristo y de su gloria, de Cristo y de su amor.
Dímela con llaneza propia de la niñez,
Porque es mi mente flaca y anhelo sencillez.

Dime la antigua historia,
Cuéntame la victoria,
Háblame de la gloria
De Cristo y de su amor.

II
Dime esa grata historia en lentitud,
Y así conoceré la obra que Cristo hizo por mí.
Dímela con frecuencia, pues soy dado a olvidar,
Y el matinal rocío suele el sol disipar.

III
Dime tan dulce historia, con tono claro y fiel;
Murió Jesús, y salvo yo quiero ser por Él.
Dime esa historia siempre, si en tiempo de aflicción
Deseas a mi alma traer consolación.

IV
Dime la misma historia, si crees que tal vez
Me ciega de este mundo la falsa brillantez.
Y cuando ya me alumbre de la gloria la luz,
Repíteme la historia: «Quien te salva es Jesús»

Reflexión

En el caminar diario de la vida, a menudo nos encontramos abrumados por la complejidad del mundo y las exigencias de la cotidianidad. Es en esos momentos de cansancio cuando nuestra alma anhela volver a lo esencial, a esa dulce y antigua historia del favor celestial, de Cristo y de su gran amor. Nuestra mente puede sentirse frágil y fatigada, por lo que necesitamos recibir este mensaje con la sencillez y la llaneza propias de la niñez. No se trata de acumular conceptos difíciles, sino de abrir el corazón a la tierna realidad de que somos profundamente amados por el Salvador.

Esta hermosa historia de gracia no es algo que debamos escuchar una sola vez. Nuestra naturaleza humana es propensa al olvido; las preocupaciones cotidianas pueden disipar nuestra fe con la misma rapidez con que el sol de la mañana evapora el rocío. Por eso, la invitación de hoy es a buscar este relato con frecuencia y lentitud. Necesitamos detenernos a contemplar la obra que Jesús hizo por nosotros, permitiendo que su verdad penetre profundamente en nuestro ser y guíe nuestras decisiones diarias.

Asimismo, la historia de la cruz es nuestro refugio en todas las estaciones de la vida. Cuando la aflicción toca a nuestra puerta, el mensaje de que Jesús murió para darnos salvación se convierte en el consuelo más puro para el alma herida. De igual manera, cuando el mundo intenta deslumbrarnos con su falsa brillantez y sus promesas vacías, recordar su sacrificio nos devuelve la claridad espiritual y nos protege de perder el rumbo.

Te invito hoy a abrazar esta fe con sencillez y confianza. Deja que la certeza de que Jesús te ama y te salva sea el faro que guíe cada uno de tus pasos. Ya sea en la prueba, en la distracción o en el momento en que nos toque partir a la gloria celestial, que nuestra mayor seguridad y nuestro canto constante sea siempre el mismo: «Quien te salva es Jesús». Permite que esta antigua pero siempre fresca historia transforme tu corazón y te llene de su paz.