Digno Y Santo
Esta bella canción eleva la dignidad de Cristo mediante imágenes de cordero inmolado y adoración ante el trono. Su tema central es la adoración reverente a Aquel que fue, es y vendrá, destacando su soberanía, poder y majestad. La letra invita a la creación a cantar y a rendirse ante la única autoridad que merece todo honor y gloria. Presenta a Jesús como fuente de todo y como nombre que desvela un misterio glorioso, suficiente para sostener la vida de quienes le buscan. En su mensaje late una confianza profunda: al reconocer su grandeza, la vida encuentra sentido y dirección en una relación de entrega y alabanza.
Letra
Digno y Santo el cordero
Inmolado en la cruz,
Nuevo canto levantaremos
Al que en su trono está
Santo, Santo, Santo
Dios todo poderoso
Quien fue, quien es y quien vendrá.
La creación te canta
Hosanna al gran Yo soy,
Tú eres mi todo y yo te adoraré.
De un arco iris, está vestido
Tu voz resuena como los truenos.
Recibe Honor y Gloria
Poder y Majestad
A ti el Único Rey
Tan grandioso, asombroso
Con solo decir Jesús,
Cristo tu Nombre es grande
Fuente inagotable
Tu misterio glorioso es.
Inmolado en la cruz,
Nuevo canto levantaremos
Al que en su trono está
Santo, Santo, Santo
Dios todo poderoso
Quien fue, quien es y quien vendrá.
La creación te canta
Hosanna al gran Yo soy,
Tú eres mi todo y yo te adoraré.
De un arco iris, está vestido
Tu voz resuena como los truenos.
Recibe Honor y Gloria
Poder y Majestad
A ti el Único Rey
Tan grandioso, asombroso
Con solo decir Jesús,
Cristo tu Nombre es grande
Fuente inagotable
Tu misterio glorioso es.
Reflexión
En medio de las prisas y los ruidos cotidianos, la invitación a levantar un «nuevo canto» se presenta como un bálsamo reconfortante para nuestras almas. Al contemplar la letra de esta alabanza, somos confrontados con la inmensa grandeza de Aquel que es «Digno y Santo», el Cordero que se entregó por nosotros en la cruz. Esta entrega no fue un acto lejano, sino la muestra de un amor profundo que hoy nos llama a reconocerle no solo como el soberano en su trono, sino como nuestro Salvador personal. Él es el Dios todopoderoso, el que fue, el que es y el que vendrá, recordándonos que nuestra vida presente y nuestro futuro están seguros en su eternidad.
Cuando la creación entera canta al «gran Yo soy», se nos abre una hermosa oportunidad para unir nuestra propia voz a esa melodía de adoración. La canción nos susurra una verdad íntima y sumamente transformadora: «Tú eres mi todo y yo te adoraré». Te invito a detenerte por un momento y hacer tuya esta declaración en el silencio de tu corazón. En un mundo donde a menudo intentamos llenar nuestros vacíos con cosas pasajeras, proclamar que Jesús es nuestro «todo» reordena nuestras prioridades y nos devuelve la paz. Aunque Él se revela con un poder asombroso, vestido de arco iris y con una voz que resuena como los truenos, se hace cercano y accesible a cada uno de nosotros.
Pronunciar el nombre de Jesús con fe es abrir la puerta a un misterio glorioso y a una fuente inagotable de gracia y restauración. Si hoy te encuentras cansado, abrumado o buscando dirección, recuerda que basta con invocar ese nombre tan grandioso para hallar refugio. Te animo a entregarle hoy mismo tus cargas al Único Rey, permitiendo que su amor inunde tu vida. Que esta reflexión sea una invitación respetuosa a fortalecer tu fe, confiando en que el Cordero inmolado reina con majestad y está listo para ser tu sustento en cada paso del camino.
Cuando la creación entera canta al «gran Yo soy», se nos abre una hermosa oportunidad para unir nuestra propia voz a esa melodía de adoración. La canción nos susurra una verdad íntima y sumamente transformadora: «Tú eres mi todo y yo te adoraré». Te invito a detenerte por un momento y hacer tuya esta declaración en el silencio de tu corazón. En un mundo donde a menudo intentamos llenar nuestros vacíos con cosas pasajeras, proclamar que Jesús es nuestro «todo» reordena nuestras prioridades y nos devuelve la paz. Aunque Él se revela con un poder asombroso, vestido de arco iris y con una voz que resuena como los truenos, se hace cercano y accesible a cada uno de nosotros.
Pronunciar el nombre de Jesús con fe es abrir la puerta a un misterio glorioso y a una fuente inagotable de gracia y restauración. Si hoy te encuentras cansado, abrumado o buscando dirección, recuerda que basta con invocar ese nombre tan grandioso para hallar refugio. Te animo a entregarle hoy mismo tus cargas al Único Rey, permitiendo que su amor inunde tu vida. Que esta reflexión sea una invitación respetuosa a fortalecer tu fe, confiando en que el Cordero inmolado reina con majestad y está listo para ser tu sustento en cada paso del camino.