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Himno

Dejo El Mundo Y Sigo A Cristo

Esta bella canción expresa una decisión firme de abandonar el mundo para seguir a Cristo, reconociendo que todo lo terrenal pasará, mientras su amor permanecerá para siempre. La letra destaca la misericordia, el don sublime del amor y la esperanza de una vida eterna acompañada por el perdón. También transmite paz y gozo al confiar en la compañía constante de Cristo, cuya presencia guía y alumbra el camino. Al acogerse a su cruz, la persona creyente reafirma su seguridad y esperanza de contemplarlo cara a cara, viviendo con gratitud, confianza y una alabanza perseverante.

Letra

I
Dejo el mundo y sigo a Cristo
Porque el mundo pasará,
Mas su amor, amor bendito,
Por los siglos durará.

¡Oh, qué gran misericordia!
¡Oh, de amor sublime don!
¡Plenitud de vida eterna,
Prenda viva de perdón!

II
Dejo el mundo y sigo a Cristo,
Paz y gozo en El tendré,
Y al mirar que va conmigo,
Siempre salvo cantaré.

III
Dejo el mundo y sigo a Cristo,
Su sonrisa quiero ver,
Como luz que mi camino
Haga aquí resplandecer.

IV
Dejo el mundo y sigo a Cristo
Acogiéndome a su cruz,
Y después ir a mirarle
¡Cara a cara en plena luz!

Reflexión

Hay decisiones que marcan un antes y un después en la vida. La letra que hoy tienes delante expresa una de ellas con sencillez y firmeza: “Dejo el mundo y sigo a Cristo”. No se trata solamente de abandonar ciertas costumbres, deseos o caminos, sino de orientar el corazón hacia Aquel cuyo amor permanece cuando todo lo demás pasa. El mundo cambia, ofrece promesas y luego desaparece; Cristo, en cambio, es presentado como amor bendito y duradero.

Tal vez llevas dentro cansancio, inquietud o una sensación de vacío. Esta invitación te recuerda que en Cristo puedes encontrar paz y gozo. No significa que el camino será siempre fácil, sino que no lo recorrerás en soledad. La letra afirma que Él va contigo, y esa compañía transforma la manera de enfrentar cada día. Aun en medio de las dificultades, puedes aprender a vivir con esperanza y a elevar un canto desde lo más profundo de tu ser.

También se habla de mirar su sonrisa y recibir su luz para que el camino resplandezca. Qué imagen tan cercana: como una luz que permite avanzar cuando no distingues bien la senda, la presencia de Cristo puede darte dirección, consuelo y ánimo. Pregúntate con sinceridad qué ocupa hoy el centro de tu vida y qué cosas necesitas dejar para seguirle con mayor confianza.

Acogerte a su cruz significa descansar en su misericordia y recibir su don de perdón. No tienes que presentarte ante Él fingiendo perfección. Puedes acercarte con tu verdad, con tus cargas y con tu necesidad, confiando en que su amor ofrece vida y restauración.

Hoy puedes responder a esta invitación con una decisión personal: volver tu corazón a Cristo, caminar con Él y permitir que su luz guíe tus pasos. Hazlo con esperanza, mirando también hacia ese encuentro final en el que podrás contemplarle cara a cara, en plena luz.