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Himno

Dejad A Los Niños Venir A Mi

esta bella canción nos habla de una invitación sencilla y poderosa: abrir el camino para que los niños se acerquen y sean acogidos. Basada en la idea de que todos, sin importar su color o condición social, son amados, el tema central es la responsabilidad de quienes están cerca de ellos para enseñarles la verdad y guiar sus pasos hacia una relación con Cristo. Su mensaje subraya que al cuidar y acompañar a los más jóvenes, se cumple un cometido significativo: cada niño que llega a través de esa experiencia también puede transformar a una familia entera. Es una llamada a la ternura, la educación y la esperanza.

Letra

“Dejad a los niños venir a mí
Y no se lo impidáis
Porque yo les amo”, dice Jesús,
Y su reino en los cielos está.
Dejad a los niños venir a mí
Es vuestro trabajo aquí;
Pues, trayendo un niño a Cristo,
Tu labor has logrado cumplir.
No importa su color, o su condición social;
Si pobres o ricos son, Dios les ama por igual;
Aunque sus ojitos no vean la luz,
O su boquita no pueda decir mamá,
El Señor los ha puesto en nuestro camino
Tenemos que enseñarles la verdad.
“Dejad a los niños venir a mí”:
Es nuestro trabajo aquí;
Pues trayendo un niño a Cristo,
A un anciano y a un joven ganáis;
Pues trayendo un niño a Cristo,
Puedes una familia salvar.

Reflexión

El tierno llamado de Jesús, "Dejad a los niños venir a mí", resuena hoy en nuestros corazones como una invitación profunda a vivir nuestra fe de manera activa y compasiva. El Salvador nos recuerda que el reino de los cielos les pertenece y que nuestro principal trabajo en esta tierra es guiar sus pasos hacia Él. Al traer un niño a Cristo, no solo cumplimos con una tarea de amor, sino que alcanzamos el propósito más noble de nuestra labor diaria, convirtiéndonos en puentes de su gracia divina.

Este sagrado deber nos llama a mirar a nuestro alrededor con los ojos del Señor, desprovistos de prejuicios. Para Dios no importan el color de la piel, la condición social, la riqueza o la pobreza; todos sus hijos son amados por igual. Incluso aquellos pequeños que enfrentan dificultades físicas, cuyas miradas no pueden ver la luz o cuyas voces no logran pronunciar palabras, han sido colocados en nuestro camino con un propósito. Ellos son un encargo especial del Señor, y nuestra misión es enseñarles la verdad de su amor, cuidando de ellos con paciencia y ternura.

Te invito hoy a reflexionar sobre cómo estás respondiendo a esta hermosa labor en tu propia vida y en tu entorno. Acercar un niño a Jesús tiene un impacto eterno que trasciende el presente. Cuando sembramos la semilla de la fe en el corazón de un pequeño, la bendición se multiplica de formas insospechadas: estamos ganando también al joven del mañana, al anciano del futuro y, sobre todo, abrimos la puerta para restaurar y salvar a toda una familia. Que podamos asumir este compromiso con alegría, sabiendo que al guiar a un pequeño hacia el Salvador, estamos transformando hogares enteros.