Da La Luz
Esta bella canción habla de un llamado que nace en medio de la oscuridad y se convierte en una invitación a llevar esperanza a los demás. Su mensaje central: iluminar con el evangelio fiel para que la senda del que está perdido se resplandezca con poder. Se eleva la idea de responder con un acto de obediencia y generosidad, entregando lo mejor para avanzar la misión. La gracia abundante y la oración son motores que fortalecen a la comunidad para que Cristo reine en los corazones y transforme vidas. Repite la alusión a la labor incansable, recordando que cada esfuerzo se traduce en tesoros que se entregarán al Salvador.
Letra
I
Un llamado llega desde el turbio mar,
Da la luz, da la luz;
Almas hay a quienes hay que rescatar,
Da la luz, da la luz.
Da la luz del evangelio fiel,
Haz que brille por doquier;
Que la senda alumbre del infiel,
Con sus rayos de poder.
II
Si este llamamiento quieres contestar,
Da la luz, da la luz;
Una buena ofrenda debes tú de dar;
Da la luz, da la luz.
III
Que la gracia abunde: pide en oración,
Da la luz, da la luz;
Y que Cristo reine en cada corazón,
Da la luz, da la luz.
IV
Nunca nos cansemos de esta gran labor,
Da la luz, da la luz;
Llevaremos joyas para el Salvador,
Da la luz, da la luz.
Un llamado llega desde el turbio mar,
Da la luz, da la luz;
Almas hay a quienes hay que rescatar,
Da la luz, da la luz.
Da la luz del evangelio fiel,
Haz que brille por doquier;
Que la senda alumbre del infiel,
Con sus rayos de poder.
II
Si este llamamiento quieres contestar,
Da la luz, da la luz;
Una buena ofrenda debes tú de dar;
Da la luz, da la luz.
III
Que la gracia abunde: pide en oración,
Da la luz, da la luz;
Y que Cristo reine en cada corazón,
Da la luz, da la luz.
IV
Nunca nos cansemos de esta gran labor,
Da la luz, da la luz;
Llevaremos joyas para el Salvador,
Da la luz, da la luz.
Reflexión
En medio de las tormentas de la vida, cuando el panorama parece un turbio mar lleno de incertidumbre, se escucha un eco constante y esperanzador que nos convoca a la acción: «Da la luz». Este llamado no es para quedarnos como espectadores pasivos, sino para convertirnos en faros de esperanza para tantas almas que hoy se encuentran perdidas y necesitan ser rescatadas. La luz del evangelio fiel tiene un poder transformador, capaz de alumbrar las sendas más oscuras y devolver el rumbo a quienes han perdido la fe.
Responder a este llamamiento requiere de nosotros una disposición sincera y una entrega generosa. El canto nos invita a presentar una «buena ofrenda», que bien podemos traducir en nuestra disposición diaria, nuestro tiempo y el testimonio de un corazón transformado. No podemos dar de lo que no tenemos; por eso, la oración se vuelve indispensable. Al pedir que la gracia abunde y que Cristo reine en cada corazón, nos alineamos con el propósito divino y permitimos que Su amor brille a través de nosotros con mayor intensidad y pureza.
La tarea de compartir esta luz es constante y, a veces, puede parecer desafiante. Sin embargo, la invitación pastoral de hoy es a no cansarnos de esta gran labor. Cada pequeño acto de amor, cada palabra de aliento y cada instante dedicado a guiar a otros hacia el Salvador es valioso. Al final del camino, estas almas rescatadas serán las joyas que presentaremos con alegría ante Él. Te invito a reflexionar hoy de manera personal: ¿cómo puedes ser esa luz en tu entorno? Abre tu corazón a la gracia, persevera en la oración y permite que el evangelio fiel guíe cada uno de tus pasos para iluminar el caminar de los demás.
Responder a este llamamiento requiere de nosotros una disposición sincera y una entrega generosa. El canto nos invita a presentar una «buena ofrenda», que bien podemos traducir en nuestra disposición diaria, nuestro tiempo y el testimonio de un corazón transformado. No podemos dar de lo que no tenemos; por eso, la oración se vuelve indispensable. Al pedir que la gracia abunde y que Cristo reine en cada corazón, nos alineamos con el propósito divino y permitimos que Su amor brille a través de nosotros con mayor intensidad y pureza.
La tarea de compartir esta luz es constante y, a veces, puede parecer desafiante. Sin embargo, la invitación pastoral de hoy es a no cansarnos de esta gran labor. Cada pequeño acto de amor, cada palabra de aliento y cada instante dedicado a guiar a otros hacia el Salvador es valioso. Al final del camino, estas almas rescatadas serán las joyas que presentaremos con alegría ante Él. Te invito a reflexionar hoy de manera personal: ¿cómo puedes ser esa luz en tu entorno? Abre tu corazón a la gracia, persevera en la oración y permite que el evangelio fiel guíe cada uno de tus pasos para iluminar el caminar de los demás.