Cuando Todos Den Sus Diezmos
esta bella canción presenta una visión de esperanza basada en la entrega y la fidelidad. A partir de la idea de diezmos ofrecidos colectivamente, el tema central es la unidad del pueblo de Dios cuando se compromete a sostener la misión de Cristo. Su mensaje transmite que la abundancia espiritual y material surge de la confianza en Dios y de la generosidad que fluye hacia la causa común. Se promete libertad frente a la escasez, prosperidad de la iglesia y un crecimiento del reino cuando cada persona aporta lo que tiene para agradar al Padre. En última instancia, la letra invita a vivir con fidelidad, gratitud y fe en las promesas divinas.
Letra
I
Cuán glorioso será cuando el pueblo leal
A la casa del Padre sus diezmos traerá;
Cuando todos unidos por gracia eternal
A la causa de Cristo colaborarán.
Cuando todos sus diezmos a Cristo le den,
Cuando todos sus diezmos a Cristo le den,
No habrá nunca pobreza
Ni ansiedad ni tibieza
Cuando todos sus diezmos a Cristo le den.
II
Ni escaseces, ni crisis entonces habrá,
Ni pobreza ni falta la iglesia tendrá.
Al contrario: potente el Señor obrará,
Cuando el pueblo sus diezmos a Cristo traerá.
III
En el pueblo de Dios robadores no habrá,
Que la parte de Dios para sí retendrán;
Pues la viña de Cristo doquier crecerá
Y abundante su pueblo sus dones traerá.
IV
Nuestro Padre sus dones más ricos dará,
Y favores preciosos a su pueblo fiel;
Las ventanas del cielo con gozo abrirá
Cuando todos sus diezmos le den a Emmanuel.
Cuán glorioso será cuando el pueblo leal
A la casa del Padre sus diezmos traerá;
Cuando todos unidos por gracia eternal
A la causa de Cristo colaborarán.
Cuando todos sus diezmos a Cristo le den,
Cuando todos sus diezmos a Cristo le den,
No habrá nunca pobreza
Ni ansiedad ni tibieza
Cuando todos sus diezmos a Cristo le den.
II
Ni escaseces, ni crisis entonces habrá,
Ni pobreza ni falta la iglesia tendrá.
Al contrario: potente el Señor obrará,
Cuando el pueblo sus diezmos a Cristo traerá.
III
En el pueblo de Dios robadores no habrá,
Que la parte de Dios para sí retendrán;
Pues la viña de Cristo doquier crecerá
Y abundante su pueblo sus dones traerá.
IV
Nuestro Padre sus dones más ricos dará,
Y favores preciosos a su pueblo fiel;
Las ventanas del cielo con gozo abrirá
Cuando todos sus diezmos le den a Emmanuel.
Reflexión
Querido hermano y hermana en la fe, hoy te invito a contemplar una hermosa promesa de unidad y provisión que nace del corazón de una iglesia leal. Imagina por un momento cómo se transforma nuestra vida comunitaria cuando decidimos, con un corazón agradecido, traer lo que le pertenece al Padre. Esta entrega no es un simple acto de cumplimiento, sino una expresión de amor y gracia eterna que nos une a todos en la gran causa de Cristo. Al colaborar juntos, abrimos la puerta para que el Señor obre con un poder renovado en medio de nosotros.
En momentos donde la ansiedad, las crisis y la escasez intentan tocar a nuestra puerta, la invitación a entregar nuestros diezmos y ofrendas se convierte en un refugio de fe. La promesa es clara y reconfortante: cuando todos nos unimos en esta fidelidad, la pobreza espiritual y material se disipa, y la tibieza de nuestro caminar diario es reemplazada por un fuego ferviente. Al no retener para nosotros lo que es de Dios, demostramos una confianza absoluta en que Él cuida de su iglesia y de cada uno de sus hijos.
Te animo a hacer de esta reflexión una aplicación personal en tu vida. Pregúntate hoy cómo puedes colaborar de manera más activa y sincera en el crecimiento de la viña de Cristo. Al dar con alegría a Emmanuel, permitimos que las ventanas del cielo se abran con gozo sobre nuestros hogares, derramando favores preciosos y los dones más ricos de nuestro Padre. Que tu respuesta sea un paso de fe y gratitud, sabiendo que en la casa del Padre siempre hay abundancia para aquel que camina en fidelidad.
En momentos donde la ansiedad, las crisis y la escasez intentan tocar a nuestra puerta, la invitación a entregar nuestros diezmos y ofrendas se convierte en un refugio de fe. La promesa es clara y reconfortante: cuando todos nos unimos en esta fidelidad, la pobreza espiritual y material se disipa, y la tibieza de nuestro caminar diario es reemplazada por un fuego ferviente. Al no retener para nosotros lo que es de Dios, demostramos una confianza absoluta en que Él cuida de su iglesia y de cada uno de sus hijos.
Te animo a hacer de esta reflexión una aplicación personal en tu vida. Pregúntate hoy cómo puedes colaborar de manera más activa y sincera en el crecimiento de la viña de Cristo. Al dar con alegría a Emmanuel, permitimos que las ventanas del cielo se abran con gozo sobre nuestros hogares, derramando favores preciosos y los dones más ricos de nuestro Padre. Que tu respuesta sea un paso de fe y gratitud, sabiendo que en la casa del Padre siempre hay abundancia para aquel que camina en fidelidad.