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Himno

Cristo, Tu Santo Amor

Esta bella canción expresa una respuesta de gratitud y entrega ante el santo amor de Cristo. La persona que canta reconoce que todo lo que tiene y es proviene de su favor, por lo que decide rendirse a Él, servirle con prontitud y vivir para su voluntad. También manifiesta confianza en Cristo como quien ruega por ella ante el Padre, y acepta llevar la cruz mientras proclama su amor. El deseo central es recibir un corazón semejante al suyo, lleno de luz, para servir, aprovechar el tiempo y guiar a otros. La letra concluye con esperanza de permanecer siempre junto al Señor.

Letra

I
Cristo, tu santo amor, diste a mí;
Nada a Ti Señor, te niego aquí.
Me postro en gratitud, cumplo con prontitud,
Me obliga tu actitud, me rindo a Ti.

II
Ante en trono estoy, ruegas por mí,
Cristo, al padre, voy sólo por Ti.
La cruz podré llevar, tu amor ya proclamar,
Un dulce canto alzar, algo por Ti.

III
Un corazón de amor quiero Jesús,
Como el tuyo Señor, lleno de luz;
A Ti poder servir, el tiempo redimir
Las almas dirigir, algo por Ti

IV
Lo que yo tengo y soy, por tu favor,
Alegre o triste voy, tuyo, Señor.
Tu rostro veré, contigo estaré,
Y siempre yo seré, algo por Ti.

Reflexión

Al contemplar el amor santo de Cristo, puedes reconocer que tu vida no está sostenida únicamente por tus propias fuerzas. La letra expresa una respuesta agradecida: “Nada a Ti, Señor, te niego aquí”. No se trata solo de palabras, sino de una disposición interior para rendirte a Él con confianza, poniendo en sus manos lo que eres y lo que tienes.

Tal vez hoy te encuentres alegre, cansado o atravesando tristeza. En cualquier circunstancia, puedes acercarte a Cristo y recordar que Él ruega por ti. Ante su presencia, no necesitas esconder tus luchas ni aparentar tenerlo todo resuelto. Puedes presentarte con humildad, sabiendo que tu relación con el Padre se afirma en Él. Su amor te invita a descansar, pero también a caminar.

La canción habla de llevar la cruz y proclamar ese amor. Esto puede significar vivir cada día con fidelidad, aun cuando servir implique esfuerzo, renuncia o perseverancia. No tienes que hacer grandes cosas para demostrar tu amor; puedes comenzar con aquello que está delante de ti: redimir tu tiempo, servir con alegría, dirigir a otros hacia la luz y ofrecerle a Jesús cada tarea con un corazón dispuesto.

También puedes pedirle un corazón semejante al suyo: un corazón lleno de amor y luz. Esa petición transforma tu manera de mirar a las personas, de responder ante las dificultades y de usar tus capacidades. Allí donde estés, tu vida puede convertirse en un dulce canto de gratitud, no solo con tus labios, sino con tus decisiones.

Hoy, entrégale nuevamente a Cristo lo que tienes y lo que eres. Si estás alegre, sé suyo; si estás triste, sé suyo también. Permite que su amor te mueva a servir, a perseverar y a proclamarlo. Y mantén viva la esperanza de verle y estar con Él, viviendo desde ahora con el deseo de hacer siempre algo por su amor.