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Himno

Clamor Por Colombia

esta bella canción se presenta como una oración fervorosa por Colombia, donde el dolor del pueblo toma cuerpo en cada verso. El tema central es la súplica a Dios para que intervenga ante la violencia y la injusticia, pidiendo paz, claridad para las mentes y un despertar de la esperanza en la gente. Su mensaje apunta a la necesidad de una salida humanitaria y de un amor que cubra a todos los colombianos, para que la gloria que se menciona se sienta en la vida cotidiana y se encuentre un motivo para vivir con dignidad. En lo profundo, es un llamado a la intercesión, a la empatía y a la fe que transforma la realidad.

Letra

Cuando siento que la tierra gime de dolor,
Al sentir que la sangre corre por doquier.
Es la angustia de mi pueblo que muere diariamente.
¡Cómo me duele a mí, mi querido país!
Dios, te ruego que pongas hoy tu mano
En mi amada Colombia,
Donde el mal parece ya reinar
Sobre el derecho y la verdad;
Me interpongo entre mi pueblo
Y el que lo quiere destruir,
Te ruego, mi Jesús, por mi amado país.

Lloro, sufro y clamo a tí por Colombia,
Quiero la paz que das para mi pueblo;
Abre Tú los ojos de mis hermanos
Y puedan recibir de Ti, completa paz (la libertad).

Cada día se canta entre mi gente:
“¡Oh gloria inmarcesible!,”
Recordando vagamente al que murió en la cruz.
Sin embargo, por las calles los veo indiferentes,
¡Cómo me duele a mí, mi querido país!
Dios, te pido que esa
Gloria ellos puedan sentir,
Y que tengan un motivo
Por el cual puedan vivir.
Dios, te ruego que tu sangre
Cubra a todo colombiano,
Te clamo, mi Jesús, por mi bello país.

Reflexión

Cuando contemplamos el dolor que nos rodea, el sufrimiento de quienes mueren diariamente y la aparente victoria del mal sobre el derecho y la verdad, nuestro corazón no puede permanecer indiferente. El clamor por nuestra tierra, por ese suelo que amamos y que hoy gime de dolor, nos convoca a una profunda empatía. Como creyentes, no estamos llamados a mirar desde la distancia, sino a sentir en el alma la angustia de nuestro pueblo y a dolernos profundamente por nuestra patria.

Ante esta realidad, la fe nos invita a tomar una postura activa y valiente: interponernos entre nuestro pueblo y aquello que busca destruirlo. Esta intercesión no es un acto pasivo; es un compromiso de amor que se traduce en lágrimas, clamor y oración constante. Se trata de suplicar a Jesús por esa paz verdadera que solo Él puede dar, una paz que transforma corazones y abre los ojos de nuestros hermanos para que experimenten la auténtica libertad.

A menudo, la rutina y la indiferencia nos llevan a vivir de espaldas a la cruz, recordando solo vagamente al Salvador mientras cantamos glorias terrenales. Sin embargo, el llamado pastoral de hoy es a despertar de esa apatía. Se nos invita a volver la mirada a Aquel que murió por nosotros, para que su sangre cubra a cada persona y nos devuelva un motivo real y trascendente por el cual vivir. La verdadera gloria se halla en reconocer su sacrificio y permitir que su amor dirija nuestras vidas.

Te invito a que hoy hagas tuyo este clamor en tu vida diaria. Que dejes de lado la indiferencia en las calles y te conviertas en un canal de la paz de Dios. Oremos juntos para que el Señor ponga su mano sobre nuestra amada tierra, restaure el derecho y nos conceda la gracia de vivir bajo su cobertura, encontrando en Jesús la fuerza para reconstruir la esperanza de nuestra gente.