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Himno

Bautícese Cada Uno

Esta hermosa letra presenta el bautismo como una expresión pública de fe, entrega y transformación. Primero recuerda que Jesús fue sumergido en la muerte, venció la tumba, quebrantó sus cadenas y ascendió victorioso. Luego, quien canta declara que entra en las aguas para confesar que Cristo lo ha salvado y seguirlo con humildad. El bautismo simboliza morir para el mundo y el pecado, así como levantarse para vivir en santidad. La canción concluye con un compromiso de consagración hacia Jesús, reconociendo que las aguas representan la señal de una salvación recibida y una vida renovada.

Letra

I
En las aguas de la muerte
Sumergido fue Jesús,
Mas su amor no fue apagado
Por sus penas en la cruz.
Levantóse de la tumba,
Sus cadenas quebrantó,
Y triunfante y victorioso,
A los cielos ascendió.

II
En las aguas del bautismo
Hoy confieso yo mi fe:
Jesucristo me ha salvado
Y en su amor me gozaré,
En las aguas humillantes
A Jesús siguiendo estoy,
Desde ahora para el mundo
Y el pecado muerto soy.

III
Ya que estoy crucificado,
¿Cómo más podré pecar?
ya que soy resucitado,
Santa vida he de llevar.
Son las aguas del bautismo,
Mi señal de salvación,
Y yo quiero consagrarme
Al que obró mi redención.

Reflexión

Las palabras de este canto te invitan a contemplar el bautismo como una respuesta de fe ante la obra de Jesucristo. Él pasó por el sufrimiento y la muerte, pero su amor no fue vencido. Se levantó de la tumba, quebrantó sus cadenas y ascendió victorioso. Al mirar a Jesús, puedes recordar que la esperanza cristiana no termina en el dolor ni en la derrota: su victoria sostiene tu confianza.

Cuando confiesas tu fe en las aguas del bautismo, no estás realizando un gesto vacío. Estás expresando públicamente que reconoces a Jesucristo como tu Salvador y que deseas gozarte en su amor. Sumergirte puede representar una decisión profunda: dejar atrás una vida dominada por el pecado y comenzar a seguir a Jesús con humildad y entrega.

Esta imagen también te confronta con una pregunta diaria: si has sido unido a la muerte y a la resurrección de Cristo, ¿cómo quieres vivir desde ahora? La letra te anima a considerar que la fe no consiste solamente en una declaración, sino en una vida consagrada. Morir al pecado implica renunciar, con la ayuda de Dios, a aquello que te aparta de Él; vivir como resucitado significa buscar una conducta santa, renovada y coherente con tu confesión.

Tal vez hoy necesites recordar el compromiso que expresaste, o quizá aún estás meditando en dar ese paso. En ambos casos, acércate a Jesús con sinceridad. Él es quien obró tu redención y quien puede sostenerte en el camino. Permite que tu fe se vea no solo en las aguas, sino también en tus decisiones, en tus palabras y en la manera en que tratas a los demás.

Que tu vida sea una respuesta continua de gratitud: “Jesucristo me ha salvado; por eso quiero seguirlo y consagrarme a Él”.