Aviva Tu Obra, ¡oh Dios!
esta hermosa letra convoca a un avivamiento profundo: que la obra de Dios reciba poder y vida, y que voces necesitadas vuelvan a oírse con claridad. Se propone despertar la labor espiritual, dando a esa tarea unción y dirección para que las almas sedientas encuentren sustento y misericordia. El mensaje central es la necesidad de una renovación de fe impulsada por la presencia del Consolador, que fortalece y fortalece la esperanza. Se clama por un amor que se avive, por una fuente espiritual que irrumpa en el corazón, de modo que la gloria de Dios resplandezca y el bien se derrame sobre quienes lo buscan.
Letra
I
Aviva tu obra, oh Dios
Ejerce tu poder,
Los muertos han de oír la voz
Que hoy hemos menester.
II
A tu obra vida da;
Las almas tienen sed;
Hambrientas de tu buen maná
Aguardan tu merced.
III
Aviva tu labor;
Glorioso fruto dé;
Mediante el gran Consolador
Abunde nuestra fe.
IV
La fuente espiritual
Avive nuestro amor;
Será tu gloria sin igual
Y nuestro el bien, Señor.
Aviva tu obra, oh Dios
Ejerce tu poder,
Los muertos han de oír la voz
Que hoy hemos menester.
II
A tu obra vida da;
Las almas tienen sed;
Hambrientas de tu buen maná
Aguardan tu merced.
III
Aviva tu labor;
Glorioso fruto dé;
Mediante el gran Consolador
Abunde nuestra fe.
IV
La fuente espiritual
Avive nuestro amor;
Será tu gloria sin igual
Y nuestro el bien, Señor.
Reflexión
Querido hermano, en el caminar de la fe, a veces experimentamos momentos de sequedad o cansancio espiritual. Es en esos instantes cuando nuestro corazón clama con humildad: «Aviva tu obra, oh Dios». Esta no es una simple petición externa, sino una invitación cálida y profunda a experimentar el poder transformador del Creador en nuestra propia realidad. Hoy, más que nunca, necesitamos abrir el oído del alma para escuchar esa voz divina que da vida, capaz de despertar aquello que en nosotros parece haber muerto o dormido.
Te invito a mirar un momento dentro de tu corazón. ¿Sientes una sed profunda o un hambre que las cosas cotidianas no logran saciar? Nuestras almas aguardan con esperanza la misericordia divina, hambrientas de ese «buen maná» que nutre el espíritu. Reconocer nuestra necesidad es el primer paso de fe. No tenemos que cargar con nuestras flaquezas solos; podemos esperar confiados en que su gracia descenderá para alimentarnos y devolvernos la vitalidad que tanto anhelamos.
Para que nuestra vida dé un fruto glorioso, necesitamos que nuestra fe abunde. La buena noticia es que no estamos solos en este proceso. Mediante el «gran Consolador», esa presencia tierna y constante, nuestra confianza es fortalecida. Al permitir que este Consolador actúe en nosotros, la apatía se disipa y nuestra fe se renueva, transformando nuestro esfuerzo diario en un testimonio vivo y alegre.
Hoy es un día oportuno para acercarnos a esa «fuente espiritual» y pedir que avive nuestro amor. Te invito a hacer tuya esta oración en lo cotidiano: en tu hogar, en tus decisiones y en tus momentos de silencio. Al rendirnos a su obra, permitimos que su gloria sin igual se manifieste, trayendo un bien indescriptible a nuestra existencia. Que hoy puedas dar ese paso de fe, descansar en su promesa y permitir que Él avive su obra en ti.
Te invito a mirar un momento dentro de tu corazón. ¿Sientes una sed profunda o un hambre que las cosas cotidianas no logran saciar? Nuestras almas aguardan con esperanza la misericordia divina, hambrientas de ese «buen maná» que nutre el espíritu. Reconocer nuestra necesidad es el primer paso de fe. No tenemos que cargar con nuestras flaquezas solos; podemos esperar confiados en que su gracia descenderá para alimentarnos y devolvernos la vitalidad que tanto anhelamos.
Para que nuestra vida dé un fruto glorioso, necesitamos que nuestra fe abunde. La buena noticia es que no estamos solos en este proceso. Mediante el «gran Consolador», esa presencia tierna y constante, nuestra confianza es fortalecida. Al permitir que este Consolador actúe en nosotros, la apatía se disipa y nuestra fe se renueva, transformando nuestro esfuerzo diario en un testimonio vivo y alegre.
Hoy es un día oportuno para acercarnos a esa «fuente espiritual» y pedir que avive nuestro amor. Te invito a hacer tuya esta oración en lo cotidiano: en tu hogar, en tus decisiones y en tus momentos de silencio. Al rendirnos a su obra, permitimos que su gloria sin igual se manifieste, trayendo un bien indescriptible a nuestra existencia. Que hoy puedas dar ese paso de fe, descansar en su promesa y permitir que Él avive su obra en ti.