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Himno

Allá En El Monte Horeb

esta bella canción aborda un encuentro sagrado en el monte donde una zarza no se consume y Dios habla desde el cielo. La voz ordena quitarse las sandalias, señal de santidad y de reverencia ante lo divino. A través de esta escena, la letra comunica un llamado a acercarse con humildad y a reconocer que lo que se pisa es santo, un espacio de presencia y misterio. El mensaje central parece ser que la experiencia de lo divino transforma, exige obediencia y revela un propósito mayor para quien escucha. Es una invitación a escuchar, a rendirse ante lo sagrado y a responder con fe.

Letra

Allá en el monte Horeb una zarza ardía
Moisés quería saber porque la zarza ardía
Y no se consumía quería saber.

Oyó una voz del cielo que le decía:
Quita, quita, quita, las sandalias de tus pies,
Porque el lugar que pisas Santo es

Reflexión

En el caminar de nuestra vida, a menudo nos encontramos frente a situaciones que despiertan nuestra curiosidad y nos invitan a detenernos. Así le sucedió a Moisés allá en el monte Horeb, al contemplar aquella zarza que ardía con fuerza pero que no se consumía. Ese misterio lo impulsó a querer saber más, a buscar una explicación. Hoy, esa misma zarza encendida representa la presencia constante y asombrosa del Creador en nuestra cotidianidad, un fuego que brilla para captar nuestra atención y recordarnos que no estamos solos en el camino.

Cuando nos acercamos con un corazón dispuesto a comprender, al igual que Moisés, podemos escuchar esa voz del cielo que nos habla directamente. En medio de nuestras dudas y afanes, el Señor nos llama y nos hace una invitación profunda a la reverencia y a la fe. El mandato de quitar las sandalias de nuestros pies no es solo un acto externo, sino un llamado pastoral a despojarnos de nuestras cargas, de nuestro orgullo y de las preocupaciones del día a día que desgastan nuestro caminar. Al quitarnos el calzado, reconocemos nuestra vulnerabilidad y nos presentamos con humildad ante la grandeza divina.

Este hermoso mensaje nos invita a reflexionar sobre la santidad del espacio y el momento en que nos encontramos con Dios. Cada rincón de nuestra existencia puede convertirse en ese suelo sagrado si estamos dispuestos a reconocer su presencia. Te invito hoy a hacer una pausa en tu jornada, a escuchar con atención esa voz del cielo y a despojarte de aquello que te impide acercarte con pureza de corazón. Permite que el fuego de su amor transforme tu vida, y camina con la certeza de que el lugar donde te encuentras hoy, bajo su gracia, es verdaderamente un lugar santo.