A Veces Triste Pero Canto
esta hermosa canción habla de una fe que se sostiene en la experiencia de la presencia de Dios. Tras una pregunta sobre por qué la humanidad no canta al Señor, la letra afirma que Dios dio su vida y merece honra y gloria, y por eso se responde con un canto constante. Su mensaje central es vivir como hijo y amigo fiel, dejando que la divinidad habite en el interior yMMddirme en una alabanza eterna. Aun en la tristeza, la adoración transforma el ánimo y la realidad se llena de calma. La naturaleza, con aves y oleaje, se convierte en testigo de un alabanza que nunca cesa.
Letra
Cuando cantan las aves del campo
Y el viento entona su canción,
Me pregunto ¿por qué al ser humano
No le gusta cantar al Señor?.
Y yo sé que hay un Dios en los cielos
Que en la cruz dio su vida por mí,
Que merece la honra y la gloria,
Y por eso yo le canto así:
Que hermoso es ser tu hijo,
Compañero y fiel amigo,
Y dejar que por los siglos
Vivas dentro, muy dentro de mí;
Y cantarte melodías
Para siempre, noche y día,
Y decirte: Santo, Santo, eres mi Dios.
Canto a veces triste pero canto,
Cierro mis ojos y te alabo
Con toda el alma y corazón;
Siento que la tristeza va escapando
Y tu presencia va reinando
Y solamente quedas Tú.
Cuando escucho las olas del mar
Y el murmullo que hacen las aves,
Sólo puedo decir que en verdad
Ellas te obedecen ¡Cómo te alaban!
Y no puedo dejar de pensar
En las cosas bellas que me has dado,
Y por eso te vuelvo a cantar
La canción que Tú me has dado.
Y el viento entona su canción,
Me pregunto ¿por qué al ser humano
No le gusta cantar al Señor?.
Y yo sé que hay un Dios en los cielos
Que en la cruz dio su vida por mí,
Que merece la honra y la gloria,
Y por eso yo le canto así:
Que hermoso es ser tu hijo,
Compañero y fiel amigo,
Y dejar que por los siglos
Vivas dentro, muy dentro de mí;
Y cantarte melodías
Para siempre, noche y día,
Y decirte: Santo, Santo, eres mi Dios.
Canto a veces triste pero canto,
Cierro mis ojos y te alabo
Con toda el alma y corazón;
Siento que la tristeza va escapando
Y tu presencia va reinando
Y solamente quedas Tú.
Cuando escucho las olas del mar
Y el murmullo que hacen las aves,
Sólo puedo decir que en verdad
Ellas te obedecen ¡Cómo te alaban!
Y no puedo dejar de pensar
En las cosas bellas que me has dado,
Y por eso te vuelvo a cantar
La canción que Tú me has dado.
Reflexión
Al contemplar la creación, a menudo nos sorprende cómo las aves del campo, el viento y las olas del mar entonan una melodía constante de obediencia y alabanza a su Creador. Ante este hermoso escenario, surge una pregunta que nos invita a una sincera reflexión: ¿por qué al ser humano le cuesta tanto cantar al Señor? Dios, en su infinito amor, no solo nos ha dado la vida, sino que se entregó en la cruz por nosotros, ganando el derecho de ser llamado nuestro Padre, compañero y fiel amigo. Él anhela vivir en lo más profundo de nuestro ser por siempre, recibiendo la honra y la gloria que verdaderamente merece.
A veces, el caminar diario nos presenta dificultades, pérdidas y dolores que intentan apagar nuestra voz. Sin embargo, la fe nos llama a una respuesta diferente y valiente. Aunque nos encontremos tristes, podemos tomar la firme decisión de cantar, de cerrar nuestros ojos y alabarle con toda el alma y el corazón. Es en ese íntimo acto de entrega donde ocurre un hermoso milagro en nuestra alma: al levantar nuestro canto en medio de la prueba, la tristeza comienza a escapar, las cargas se disipan y su presencia consoladora empieza a reinar en nuestro interior, hasta que solo queda Él llenándolo todo.
Te invito hoy a abrir tu corazón a esta maravillosa relación de amistad con Dios y a dejar que Él habite en tu vida noche y día. No importa si hoy te encuentras en un momento de alegría o de profunda melancolía; detente un instante, reconoce las cosas bellas que Él te ha dado y permítete cantarle la canción que Él mismo ha puesto en tu interior. Únete al murmullo de la creación y dile con confianza: "Santo, Santo, eres mi Dios". Deja que tu alabanza sea el puente hacia su presencia, donde tu tristeza se transformará en una paz eterna.
A veces, el caminar diario nos presenta dificultades, pérdidas y dolores que intentan apagar nuestra voz. Sin embargo, la fe nos llama a una respuesta diferente y valiente. Aunque nos encontremos tristes, podemos tomar la firme decisión de cantar, de cerrar nuestros ojos y alabarle con toda el alma y el corazón. Es en ese íntimo acto de entrega donde ocurre un hermoso milagro en nuestra alma: al levantar nuestro canto en medio de la prueba, la tristeza comienza a escapar, las cargas se disipan y su presencia consoladora empieza a reinar en nuestro interior, hasta que solo queda Él llenándolo todo.
Te invito hoy a abrir tu corazón a esta maravillosa relación de amistad con Dios y a dejar que Él habite en tu vida noche y día. No importa si hoy te encuentras en un momento de alegría o de profunda melancolía; detente un instante, reconoce las cosas bellas que Él te ha dado y permítete cantarle la canción que Él mismo ha puesto en tu interior. Únete al murmullo de la creación y dile con confianza: "Santo, Santo, eres mi Dios". Deja que tu alabanza sea el puente hacia su presencia, donde tu tristeza se transformará en una paz eterna.