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Coro

A Cada Instante

esta bella canción nos invita a imaginar una intimidad profunda con lo divino, como si se construyera una habitación donde Dios pudiera habitar junto a cada latido. El tema central es la entrega total: una adoración que nace del deseo de vivir en presencia constante, no solo en momentos de alabanza, sino en cada instante de la vida. El mensaje es claro: gratitud continua, exaltación perpetua y amor constante hacia Aquel que se quiere adorar. Es una promesa de fidelidad que trasciende ritmos y circunstancias, proponiendo un compromiso diario de reconocer, agradecer y amar, viviendo una relación que transforma el ser desde lo interior hacia la acción.

Letra

Señor yo quiero construir
una habitación y vivir junto a Ti,

Señor en suprema adoración,
aquí está mi corazón que te quiere adorar

A cada instante de mi vida
yo te agradeceré,
a cada instante de mi vida
siempre te exaltaré,

A cada instante de mi vida
siempre te amaré, Señor

Reflexión

Qué hermoso es cuando nuestro corazón anhela detenerse y construir un espacio íntimo para encontrarse con el Señor. La invitación que hoy recibimos a través de estas palabras no es a levantar paredes de ladrillo, sino a edificar una habitación en nuestra propia alma donde podamos vivir en su presencia constante. Al expresarle al Señor el deseo de vivir junto a Él, estamos abriendo las puertas de nuestra cotidianidad, entregándole nuestro día a día y permitiendo que su amor sea el cimiento seguro de nuestra existencia.

En este caminar de fe, la adoración sincera comienza cuando nos presentamos ante Él sin reservas. Al decirle "aquí está mi corazón que te quiere adorar", le ofrecemos nuestra vida entera: nuestras alegrías, pero también nuestras cargas y debilidades. Adorar de esta manera es un acto de confianza profunda, una entrega que nos invita a dar un paso de fe y a creer que, en su compañía, nuestro corazón encuentra el descanso y la paz que tanto necesita.

La hermosa promesa de amar, agradecer y exaltar al Señor "a cada instante de la vida" transforma por completo nuestra perspectiva diaria. No se trata de un compromiso que se limita a un momento específico de la semana, sino de una decisión consciente que podemos renovar con cada respiración. Te invito a reflexionar hoy: ¿cómo puedes comenzar a construir esa habitación para el Señor en tu rutina? Puede ser a través de un breve momento de silencio al comenzar el día, un suspiro de gratitud en medio de tus tareas o un gesto de amor hacia los demás. Que tu vida se convierta en una dulce melodía de agradecimiento, recordando que cada segundo es una oportunidad maravillosa para amar al Señor y caminar de su mano.